El Rat-Factor (juegos y hermanos pequeños)

A finales de los 90, se publicó un texto que se hizo muy viral (mucho antes de que se emplease el término “viral”). Se llamaba “Manual de campaña del comité de competición, A.K.A. Manual de pesca sin caña“. Era algo así como una guía para ligar, con diferentes técnicas que podíamos usar los adolescentes de entonces para ligar con chicas.

Hoy en día se podría criticar mucho por sus contenidos bastante machistas, pero en ese momento, triunfó bastante entre la gente de mi edad (la adolescencia, ya sabéis). Uno de los puntos que trataba esta guía era el concepto “Bat-factor“, que venía a decir que era habitual que tu objetivo de ligue fuese acompañada por una amiga “fea” (por eso lo de “murciélago”) que haría lo posible para que no ligases con la chica y así no quedarse sola.

Este concepto ha venido a mi cabeza recientemente, pero enfocado desde otro punto de vista. Tiene que ver con los juegos de mesa y los hermanos pequeños. También vale para videojuegos, rol, etc. Como veis, un ámbito totalmente diferente. Pero tiene bastante en común. Para distinguirlo, lo he denominado “Rat-factor“, o “factor rata”. Ahora lo entenderéis.

¿Qué es el Rat-Factor?

Como decíamos antes, la amiga fea, es decir, la bat-factor, era quien hacía que ligar se convirtiese en una misión imposible o muy difícil. Pues bien, en la actualidad, este concepto lo asocio a nuestros hijos pequeños, cuando éstos tienen aproximadamente 2 años de edad (año arriba, año abajo), que hacen que jugar a juegos de mesa, rol o videojuegos, con nuestros hijos más mayores, se convierta en una odisea.

Por tanto para que en tu familia exista el Rat-factor has de tener un hijo de esa edad, y por lo menos, uno más mayor, o más.

Ejemplo práctico

Tu hijo/a mayor tiene 5 años. Tienes algún juego de mesa para esa edad, o incluso de +6 años, que deseas jugar, para probarlo, o para divertiros sin más. Los juegos para 2 años o más son demasiado simples y tú también tienes ganas de ir jugando a juegos más “complejos”.

Tienes en cuenta que tu otro hijo, de 2 años, no es capaz de jugarlo por su edad y capacidades, lógicamente. Pero ves que está felizmente jugando con sus piezas de Duplo, en su mundo, y preparas sigilosamente la partida con “el mayor”, con la idea de jugar juntos.

Apenas os sentáis en la mesa, delante del tablero, el hijo pequeño (a partir de ahora, “la rata”), os ve, e irremediablemente, le llama poderosamente la atención ver tanta ficha, miniaturas, dados, cartas, etc. Y se acerca para jugar. Es decir, para lanzar sus rollizas manos directas a por las cartas y fichas que ya tenéis preparadas en sus sitios.

Este primer ataque hace que algunas piezas del tablero se muevan, además ha podido coger una miniatura que logras quitarle tras un forcejeo. Tras superar este ataque, te lo pones encima de las piernas y le explicas, de forma suave y apta a su edad, que es un “juego de mayores” y que no puede jugar, pero que si quiere “puede ir con papá”. Que es la manera de decir que vas a tenerlo retenido sentando encima tuyo, y así puedes controlar que no toque nada.

Bueno, lo puedes controlar un rato. Pero la rata es demasiado rápida. Una profesional en esto de la destrucción. En cuanto estiras tus manos para mover fichas, tirar dados, y bajas la guardia… el pequeño ejecuta un rápido movimiento mediante el cual desplaza varias fichas del tablero, tira otras al suelo, etc. Además, cada vez se mueve más y emite quejas porque él también quiere mover fichas y tirar dados.

Cada turno, la cosa va a peor. Estás más centrado en controlar los ataques de la rata que en el propio juego. Así que tras varias batallas más o menos controladas, el desgaste ha sido tan alto que finalmente te rindes. Recoges el juego, admites tu fracaso al haber intentado jugar tranquilamente, y le dices a tu hijo mayor: “cariño, con tu hermanito aquí no podemos jugar a este juego. Esperaremos a que esté dormido o a que sea más mayor”.

Corolario

Este artículo, como tantos en este blog, está enfocado desde el punto de vista del humor exagerado. Ni los hermanitos pequeños son ratas ni tienen ninguna culpa de querer jugar con sus papás y sus hermanos mayores al juego que están viendo y que, lógicamente, les llama la atención.

Así que solo queda paciencia, ir jugando a juegos aptos para niños tan pequeños, y esperar a jugar a “juegos de mayores” cuando los más peques duerman o estén realmente entretenidos con otro juego.

¿En vuestra casa existe el Rat-factor, ese ser tan adorable como destructor?.

El Rat-Factor (juegos y hermanos pequeños)
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5 thoughts on “El Rat-Factor (juegos y hermanos pequeños)

  1. Jaja, muy gracioso y real. Yo aún no tengo el Rat-Factor como tal, aunque con un niño de casi 3 años, la situación que describes suele darse, sólo que en lugar de intentar jugar con el hermano, jugamos con el primo/a o con otro adulto, es decir, lo intentamos, y fracasamos casi siempre.

  2. Jijiji, qué te voy a decir, seguiremos turnándonos para controlar a La Rata, sufriendo sus rápidas manos y sus ansias de destrucción y de acaparar todas las piezas posibles en su poder. Ya queda menos para poder jugar con él a cosas más elaboradas y que entienda que no puede tirar cuando quiera o coger todo lo que le apetezca en el tablero. Mientras tanto a reírnos y sufrirlo a partes iguales.

  3. A falta de uno tengo dos XD El de 19 meses que no deja jugar a nada (ni juegos de mesa ni lego ni playmobil etc etc) sería el máximo exponente de rat-factor, luego está el de 4 años que puede jugar a muchos juegos pero quiere los que no puede/comprende. Al final se cabrea y nadie juega a nada. El mayor, pobre mío, fan absoluto de los juegos de mesa, cada vez que los ve durmiendo la siesta aparece con alguna caja o unas cartas a ver si consigue al menos una partida en paz. Ainnnsss… como bien dices, sólo nos queda tener paciencia!

  4. Clavado. La mayor 6 y la peque 2,5. Ratillo destructora total. Yo suelo montar los juegos en mesa alta para que sólo llegue la pequeña con mi ayuda y, efectivamente, juegue “con papá”…

  5. No me lo puedo creer, otro como yo que leyó en manual de pesca… que tiempos aquellos. Interesante el artículo, lo he podido comprobar con mis sobrinos.

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